Conversaciones (I)

La complejidad de la creación fotográfica

Andrés Garay Albújar habla con Moritz Neumüller

Su mirada está cimentada por su licenciatura en historia del arte por la Universidad de Viena. Su doctorado multidisciplinar le llevó a interesarse por las artes visuales y especialmente por la fotografía contemporánea. Su trabajo de curador y crítico de fotografía le ha permitido viajar por todo el mundo, logrando conversaciones personales con fotógrafos de todos los continentes. Moritz, como se le llama en confianza, ha evaluado obras de fotógrafos daneses, griegos, chinos, cubanos, españoles, franceses, irlandeses, peruanos, argentinos, alemanes en importantes festivales de fotografía.

El Dr. Moritz Neumuller estuvo recientemente de visita en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura donde impartió conferencias a los alumnos sobre la problemática y complejidad de la creación fotográfica y su convergencia con otras expresiones visuales contemporáneas.

Andrés Garay Albújar: Dirigiste una actividad en el festival de fotografía más importante en España (PHOTOESPAÑA) que se llamaba Descubrimientos.  Aquello te dio la oportunidad de estar en contacto con muchísimos fotógrafos jóvenes de todo el mundo. Entonces, ¿cómo podrías intuir o estar más o menos seguro de la calidad –potencial- de un fotógrafo? ¿Qué características debe tener la obra de un fotógrafo joven para que sea considerada consistente y coherente?

Moritz Neumuller: Creo que todo artista y fotógrafo tiene que tener algo en la cabeza, y tiene que dominar las técnicas y los medios que trabaja.  Un fotógrafo que no domina la técnica de tal manera no logrará un aporte real al medio ni a su público. Un fotógrafo tiene que controlar sus técnicas para que su cerebro quede libre para pensar sobre el contenido y que no se quede en cómo enfocar y en cómo sacar la foto.

A.G.A.: Desde la invención de la fotografía, se ha visto que es un medio complejo, permeable a múltiples usos, de difícil definición. Hoy en día la tecnología digital y el photoshop han revelado el secreto de las enormes posibilidades de expresión, manipulación y usos. ¿Crees que existe una fascinación por la gente joven por todos estos recursos digitales, subordinando o dejando de lado el valor de los contenidos y  de la calidad de ideas?

M.N.: Creo que es un hecho que la fotografía hoy en día, como la virtualización de otras expresiones o técnicas, está muy ligada al uso de la computadora. A través de la computadora se termina de definir la representación de la realidad porque con el ratón puedo interferir como si fuese una lupa, puedo sobre exponer una foto, recortar, etc. Son técnicas que, para destacar del montón, se necesita mucha práctica, mucha especialidad, mucho conocimiento y destreza.

Pero no nos engañemos. Hoy se puede hacer en arte las cosas que antes se solían hacían hacer, solamente que ahora se hace con mayor rapidez y con menos maestría. Pero la fotografía digital no es un conjunto, es una extensión en el campo virtual de las técnicas tradicionales. Y dominar las técnicas, como he dicho, es importante, pero sin pensar demasiado en ellas para poder concentrase en los contenidos que son realmente lo que importa. No creo que se podría decir en términos generales que las ideas hoy en día son más pobres, lo que sí se puede decir es que hay algunos, como antes también, que les gusta obsesivamente la técnica y  el photoshop. Con celular con cámara, todos somos fotógrafos hoy en día.  Tanto se ha hecho en fotografía en toda su historia que los fotógrafos nos suelen vender como nuevos logros de otros. En ese sentido la creación fotográfica se ha estancado.

A.G.A.: El célebre fotógrafo y teórico Paul Strand recomendaba a un grupo de fotógrafos jóvenes en 1920 que estudiaran y que se enteraran de la historia del medio, de la historia de la fotografía, para conocer por dónde han  discurrido los problemas que la fotografía ha tenido en su evolución  técnica y estética. ¿Es una propuesta que puede estar vigente hoy en día a pesar de los cambios tecnológicos?

M.N.: Sumamente vigente, y hoy más que nunca, mucho más que en los años 20.  Está claro que los grandes aportes a lo que entendemos hoy por fotografía están dados. Entonces cuando empiezas a desarrollar un proyecto y piensas que es una idea fenomenal y novedosa, pueda que no sea tanto así. Investigando con honestidad y humildad te vas a dar cuenta que, con un poco de suerte, tu idea es una buena aportación a algo que ya se ha trabajado mucho.

No saber nada al principio de un proyecto es bueno porque  entonces te animas, te ilusionas, exploras. Pero luego, de la misma manera como es importante dejar fluir tus sentimientos, tus emociones, tus ganas de experimentar con el medio, en el proceso de creación debería presentarse el momento reflexivo donde la parte analítica del cerebro se detiene y revisa lo que se ha hecho y por qué se he hecho.

Es importante evaluar si la obra encaja en el canon de la tradición foto histórica de la historia del arte. Porque siempre ha habido alguien que ha hecho algo similar y entonces es importante saber las fronteras donde quieres chocar o no chocar. Esto para los jóvenes tal vez es más fácil si vives en una metrópolis donde hay muchas exposiciones, donde también es posible discutir con expertos del tema, ir a inauguraciones, conocer a otros artistas, y estar en formación continua.  De hecho, en ciudades en donde no hay esta infraestructura artística es un poco más difícil, pero al fin y al cabo vivimos en la era del Internet y si se puede consultar con la restricción, obviamente, de que no todo vale.

A.G.A.: En ese sentido, por ejemplo en una ciudad como Piura donde las exposiciones fotográficas con muy escasas, creo que hay una o dos al año, ¿tú le recomendarías a un joven que haga el esfuerzo de exponer su obra físicamente, más allá de acudir a estos escaparates virtuales como Flicker  o Facebook?  ¿es importante que un fotógrafo muestre su obra en estos soportes físicos, en una exposición, en un espacio museístico

M.N.: Absolutamente. La importancia de una exposición consiste en varios factores, no solamente como presentación pública. El proceso es enriquecedor porque permite al artista tomar decisiones insólitas sobre su obra. Por ejemplo, la fechas de entrega y los ciclos que se cierran vienen muy bien en nuestro trabajo porque en cada proyecto hay un punto culminante.

A.G.A.: el ejercicio de concluir…

M.N.: Exactamente, de llegar a un punto, porque no se puede trabajar siempre el mismo tema, hay que cambiar, hay que cerrar ciclos.  Estas conclusiones pueden ser, deberían ser exposiciones o presentaciones, no tiene que ser forzosamente una exposición, puede ser un performance, un libro, una proyección, lo que sea, pero algún acto, algún ritual, porque  digamos el mundo del arte también vive de esos rituales culturales y el ritual más importante es la exposición. Por tanto, es importante exponer en una galería, en un bar, en un café, en la universidad, en una estación de tren.  La idea es llegar a un público específico durante un cierto tiempo, muy puntualmente. Definitivamente, el acierto de la presentación de la obra marcará el grado de influencia en el público.

Entonces la diferencia de la imagen que fluye por Internet y que se puede poner en Flicker o donde se quiera y la obra es justamente esto: el mundo del arte trabaja con obras y no con imágenes, una obra es algo físico, un objeto, un resultado que se presenta. La imagen es lo virtual.

A.G.A: ¿Y cuáles son las bondades de la virtualización de la fotografía?

M.N.: La virtualización de la fotografía, junto con la virtualización de otros medios, es decir, que en una cámara al apretar un botón o el otro grabas un video o sacas una foto, o al pinchar sobre un archivo en tu ordenador, cuando lo pinchas no sabes con que programa se va a abrir, puede ser un video, una foto, un texto, puede ser una mezcla, un hipertexto o lo que sea, esto lleva a los medios a una convergencia entre ellos.

La reconocida fotógrafa peruana Luz María Bedoya, por ejemplo, ha cambiado su forma de trabajar, crea sobre varios medios, con el video, con elementos performativos, proyecciones; es decir, todo este soporte efímero que envuelve a la fotografía es algo que toca constantemente a otros medios y que converge con otros. Este hecho ha cambiado profundamente la producción de muchos fotógrafos en el mundo que ya no piensan en la foto como imagen sobre papel sino en el proceso, en el proceso más que en el objeto.

Pero la fotografía tiene en su esencia esta increíble capacidad de interactuar con la realidad, la cual tienen muy pocos medios, salvo los que se derivan de la fotografía, como película, film, video.  Realmente esta frontera es una virtud y un peligro a la vez; el peligro es obviamente el viejo argumento “ah bueno eso también lo sé hacer yo”, “una foto lo hace cualquiera”, y otros peligros, digamos de este tipo. Pero es indudable que la fotografía tiene la gran virtud de que su punto de partida es la realidad, entonces puede decirnos algo del mundo. Y aún así la fotografía puede llegar a ser tan formalista y abstracta como la pintura, o no,  porque siempre se basa en lo dado. El fotógrafo tiene la posibilidad de conectar con situaciones desconocidas y gritar con sus fotos “ojo aquí pasa algo que me gusta o no me gusta”.

A.G.A: He visto que hay fotógrafos jóvenes que reciben encargos comerciales, de prensa, etc., y esos trabajos comerciales hecho por encargo se convierten en una obra expositiva. ¿Es válido plantear una exposición de un contenido que ha tenido una base comercial o periodística?

M.N.: En la historia de la fotografía hay numerosos casos de fotógrafos que han convertido un trabajo de uso comercial, de documentación, moda, o prensa, en proyectos artísticos. O al revés.  No hay ningún problema que un fotógrafo trabaje temas de diferentes modos, que con un ojo mire por la lente del cliente y por el otro vea una intención artística. No obstante, creo que un reportaje, un encargo que se coge tal como está y se mete en una sala de exposición nunca va a funcionar.

Convertir un reportaje en una obra de trascendencia artística tiene sus exigencias. Hay que reelaborar esos contenidos, y ahí entramos nuevamente al proceso de generación de ideas y puesta en escena.

A.G.A: ¿En qué consiste tu proyecto “Según las reglas del arte”?

M.N.: Según las reglas del arte va a ser un libro que estoy escribiendo cuyo subtítulo será “el camino hacia tu primera exposición”, o hacia tu exposición de fotografías.  Va a ser como una guía, un libro guía para jóvenes artistas y no artistas que quieren hacer algo con su fotografía en el mundo del arte, diciéndolo de una manera simple. Muchas veces en visionados de portafolios me encuentro con gente, con fotógrafos “comerciales” o de moda o de retrato, pero es gente que tiene poca experiencia o que no tiene una educación artística que me pregunta: “quiero hacer algo en el mundo artístico”, “quiero hacer también un poco de arte”, como si fuese esto otro registro fotográfico al de la moda, el retrato o la fotografía de productos, y se suelen dar cuenta con o sin mis consejos muy rápidamente que no es así. Hay muchas reglas o leyes no escritas que me gustaría exponer a la gente para que no les sea tan difícil, pues hay códigos o reglas ocultas que inhiben al principiante de entrar en este mundo.

A.G.A: ¿Una suerte de recetario para quien recién empieza a cocinar?

M.N.: Exacto. Tomando este ejemplo, una cosa es que cocines bien y la otra es que abras un restaurante; una cosa es que a tus amigos les guste lo que cocinas y lo otro es si puedes formalizar esto en un menú, en negocio, pero también en un arte. Y pare ello necesitas saber y aplicar ciertas reglas.

A.G.A: En Piura la fotografía se encuentra en un momento emergente de peculiar interés.  Hay varios estudios de fotografía artística, cuyo eje principal es el retrato, el encargo de eventos sociales, hay buenos fotorreporteros, potenciales artistas, y un movimiento comercial estable. ¿Qué nos recomendarías para mejorar el nivel?

M.N.: pues por un lado diría que estudien los maestros que han hecho exactamente lo mismo, es decir que han combinado un oficio con una vocación artística, y de inspirarse de esta manera en los grandes, que realmente se puede compaginar esos dos perfectamente. Y segundo, pensar en que lo que cada uno hace en especial y que solo yo puedo aportar. Hay un fotógrafo español, Juan de la Cruz Mejías que es fotógrafo de bodas desde hace 30 años y paralelamente a su negocio ha hecho un cuerpo de trabajo, un portfolio, varios libros de su trabajo las bodas, las novias, los novios, las preparaciones de la boda, la fiesta y son fotos extraordinarias. La serie se llama simplemente “Bodas”.  Es un gran ejemplo de cómo se puede jugar en entre fronteras. Este trabajo lo expusimos dentro de una exposición sobre fotografía española en China y la gente era muy crítica dijo: “pero eso no es arte”, “si algo no es abstracto, artístico, bonito, no es arte”. Pues justo ahí es eso lo interesante, lo que hace viva a la fotografía. Y el fotógrafo tiene el privilegio de transformar la realidad en códigos artísticos.

Sin embargo,  creo que hoy en día hay muy pocos artistas fotógrafos que siguen este mito de  que el fotógrafo no lee, pues a lo mejor en los años 60 era así, pero hoy en día el que no lee, no se forma, no sabe lo que se está cociendo en el interior de las personas, en otros países, en otras ciudades, en otras disciplinas, en la literatura,  poesía, cine o lo que sea, no puede ser buen artista porque no llegará a la gente.

Esta entrevista se ha realizado el día 17 de junio del 2010.

(c) Andrés Garay Albújar

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